Las aves en Costanera

Qué, dónde y cuándo

La diversidad de ambientes de Costanera dio lugar a una avifauna variada. El bosque, el pastizal, la laguna, el bañado dan cobijo a una gran diversidad de aves. Más o menos restringidas a un ambiente encuentran en él un ámbito propicio donde alimentarse, refugiarse, nidificar y criar a sus proles.

He tomado a las aves más representativas, aquellas que son más vistas ya sean residentes o visitantes estacionales de verano o invierno. Este balance surge de la recopilación de lo que se fotografió solo en estos últimos seis años (2005-2011) y no representa toda la historia de Costanera. Todas las aves registradas fotográficamente en la reserva se encuentran en Elenco.

Tres ambientes, tres grupos de aves: las acuáticas, que se mueven en los cuerpos de agua y su entorno, orillas y bañados; las terrestres, que lo hacen en los terraplenes, el pastizal y los árboles (bosques, arbustales y arboledas que flanquean los terraplenes); y las aéreas, aquellas que encuentran desde el aire su sustento de vida.

Con un clic sobre el nombre del ave se obtiene más información.
(VI) = visitante invernal
(VE)= visitante estival
(R)= nidificó o nidifica en Costanera. Indicador: nidos y/o crías. En los casos en que no se puede asegurar que la cría haya nacido en Costanera, no se le adjunta esta referencia.


El agua: La laguna y su entorno

Este es uno de los ambientes más complicados, no por las aves sino por las variaciones en el nivel del agua. Las lagunas se alimentan de agua de lluvia y el nivel fluctúa según la cantidad caída. En el verano el intenso calor y la falta de lluvias abundantes llegan a secar las lagunas por algún tiempo. Situación que vuelve a la normalidad con el siguiente ciclo de lluvias. Esto era así hasta la sequía de 2008, que dejó a estas grandes cavidades vacías hasta el día de hoy, salvo por un interregno en 2010. La cantidad de lluvia nunca repuso el agua de las lagunas, solo alimentó a la vegetación, que cubrió toda el área.

Laguna de los Patos en julio de 2007
© Roberto Ares
Laguna de los Patos en julio de 2008
© Roberto Ares

Por lo tanto prácticamente todas las aves que aparecen en este grupo se han “perdido”. Tal vez con suerte veamos una o un par de gallaretas en la costa, pero frente a los cientos que nos solazaban con sus peleas en las lagunas es una especie “perdida”. Lo mismo va para los cisnes cuello negro de los que llegué a contar ciento cuarenta y cuatro un sábado. Muchos de ellos se quedaron a anidar, conocimos a sus crías y seguimos la historia de algunas familias. Hoy solo cruzan la reserva volando. Y así podríamos seguir. Incluso la estancia de estas pocas acuáticas que se ven en la costa tampoco es prolongada, ya que ésta se ve afectada por la marea. La falta de agua en las lagunas se tradujo en la pérdida del 35% de las aves en Costanera, por lo que en este momento se está discutiendo un plan de manejo sostenido en el tiempo que contemple el agua de las lagunas que le devuelva todo su potencial educativo y recreativo.

La laguna y sus orillas tienen la ventaja de ser un lugar abierto, de observación fácil y distendida. Desde los terraplenes o los miradores la distancia entre humanos y aves es suficiente para que no se alerten por nuestra presencia. En este espacio se mueven las nadadoras, que ocupan cualquier parte de la laguna; las buceadoras, que prefieren las partes profundas para zambullirse y las zancudas que llegan hasta donde hacen pie.

Una típica escena en un rincón de la laguna. Con patas palmeadas para remar estos patos capuchinos nadan por la laguna, mientras que la garza blanca, los cuervillos de cañada y el pitotoy sin esta adaptación vadean el agua. Los juncos proveen un buen atalaya al benteveo, un paseriforme muy relacionado con el ambiente acuático. Cada cual con sus adaptaciones hacen uso de la laguna de una manera distinta.
© Roberto Ares

Las nadadoras como cisnes, patos, gallaretas utilizan todo el espejo y sus orillas. El cisne cuello negro (R) y la coscoroba (R) sobresalen por su tamaño y elegancia y a su lado patos y gallaretas parecen miniaturas. Éstas últimas, muy abundantes en número, están representadas por tres especies: gallareta ligas rojas (R) escudete rojo (R) y chica (R).

Cisnes cuello negro, coscorobas, patos y gallaretas.
© Roberto Ares

Los patos, en pareja o en grupos heterogéneos conviven pacíficamente. Los más comunes son el pato de collar (R), el pato cutirí (R), el pato barcino (R), el pato maicero (R), el pato capuchino (R) y el pato picazo (R). El sirirí pampa (R) y el sirirí colorado (R), caracterizados por su canto si-ri-ri si-ri-ri llegan en bandadas, a veces muy numerosas.

Entre los patos (maicero en el agua, capuchino en tierra y colorado, fácil de identificar), un rayador, ave que nos visita poco, pero que es extremadamente curiosa (ver Técnica de alimentación)
© Roberto Ares
bandada sirirí pampaUna bandada de siriríes pampa. Entremezclado uno que otro sirirí colorado. Se podían ver tres o cuatro grupos así de numerosos dispersos por las lagunas.
© Roberto Ares

Otros patos con presencia estable en la reserva, pero sin registros de reproducción son el pato colorado, el pato cuchara y el pato zambullidor. Este último es un buceador, y junto con el biguá y las dos especies de macáes, macá común (R) y macá pico grueso (R) son hábiles nadadores bajo el agua y desorientan al observador una vez que se sumergen. Nunca se sabe por donde saldrán.
Otro grupo fácil de distinguir en la laguna son las inquietas gaviotas. Muy numerosas y muy gritonas. Las capucho café superan en número ampliamente a las capucho gris.

Un grupito de macáes chico buceando alrededor de cisnes cuello negro. Parecen ínfimos a su lado. Al fondo una línea de gaviotas.
© Roberto Ares

Las zancudas, llamadas así por sus patas largas, hacen un uso más restringido de la laguna. Entre ellas, varias garzas residentes: la garza blanca, la garcita blanca, la garza mora, el hocó (R), la garza bruja y la garcita azulada (R). El chiflón de tanto en tanto colorea el paisaje. Los cuervillos de cañada en grupo tampoco faltan a la cita. En verano se agregan las espátulas (VE), los flamencos (VE) y los tuyuyúes (VE) que hacen paradas de abastecimiento para seguir en sus rutas de desplazamiento.

Arriba: Entre garzas y garcitas blanca se alimenta un tuyuyú. Abajo: Un grupo de espátulas rosada. Un pico llamativo que barre en busca de alimento
© Roberto Ares

La bicolor jacana (R) deambula por la orilla y por la vegetación flotante caminando sobre la misma gracias a sus largos dedos. Entre los juncales la pollona pintada (R) y la pollona negra (R) no temen salir a los claros. No así el burrito común (R) y la gallineta común (R) que son más reacios a exponerse y suele ser mucho más fácil oírlos que verlos.

A esos mismos juncales recurren varios pájaros para nidificar y alimentarse. Si bien no son acuáticas la relación de estos paseriformes con el agua es muy estrecha.
El junquero (R), con su canto distintivo de motoneta, el varillero ala amarilla, el varillero congo, el federal (R), el multicolor tachurí siete colores, el curutié ocráceo, el curutié colorado, el corbatita dominó y el piojito gris todos moviéndose ágilmente por las ramitas o tronquitos cercanos al agua y estirándose para atrapar algo de la superficie. El benteveo (R) en actitud vigilante espera sobre tallos o ramas a la caza de insectos.

Pájaros de los pajonales de las lagunas o de la costa. Arriba izquierda a derecha: federal, tachurí sietecolores, piojito gris, curutié colorado. Abajo: junquero y curutié ocráceo
Fotos © Carlos Gonzalez Ledo

Estos mismos pájaros recorren el ambiente ribereño que se formó sobre la costa. El movimiento rítmico de las mareas desgranó los bloques de piedra convirtiéndolos en arena que favoreció el crecimiento de juncales y otra vegetación palustre. La costa del río también atrae a las aves. Cuando el agua se retira la playa es ocupada por las gaviotas y cuando avanza se acercan los macáes grande o los biguáes a pescar.

Sobre la orilla de la laguna las limícolas se alimentan de organismos que viven en el barro. Picoteando o sumergiendo el pico para atraparlos caminan o hacen pequeñas carreritas al aire libre dejándose ver. Las que tienen patas más largas ingresan a la parte playa del agua para seguir la búsqueda. Los dos teros, común (R) y real (R) son muy distintos entre sí. El primero con su grito chillón que anuncia nuestra presencia. El segundo con su elegancia y su coloración blanca y negra.
En invierno se unen las migrantes que vienen del sur el chorlo pecho colorado (VI) y el chorlito de collar (VI). Pasado el invierno dejan paso a las migrantes boreales: pitotoyes (VE), playeros (VE) y falaropos (VE) con una técnica de alimentación muy inusitada. (Ver técnica de alimentación del falaropo).

Arriba: Visitantes estivales: pitotoy, playeros y falaropos. Abajo: Visitantes invernales: chorlito de collar y chorlo pecho colorado
© Roberto Ares

Entre los bañados y los terraplenes el ipacaá y el chiricote (R), de aspecto más gallináceo. Son más caminadores y se los ve con frecuencia en los terraplenes.

La tierra: Arboledas, bosques, pastizales y terraplenes

Las arboledas y los bosques presentan una dificultad mayor para la observación. El follaje y las ramas proveen un buen escondite a las aves más ariscas. Y aunque no tengan problemas para exponerse quedan ocultas con facilidad si son de pequeño tamaño. Por lo tanto aprender los cantos o reconocer ciertos ruidos específicos ayuda a la hora de buscar. Los pastizales permiten una visión más clara siempre que se mueven por arriba. Los terraplenes y los claros son los de mejor visual, pero hay que mantenerse a distancia para no espantar a las aves.

Si bien todas estas aves recurrirán a los árboles durante la época de reproducción, fuera de este momento hay diferencias de hábitos. Algunas son caminadoras por excelencia, otras arborícolas, y otras bajan a comer.

Con un andar sin igual el hornero (R) comparte los terraplenes con la calandria grande (R). En invierno la dormilona cara negra (VI) y la remolinera común (VI) corretean por claros cercanos al agua y el picabuey (VI) por donde haya insectos que atrapar.

Muchas especies que normalmente se encuentran en las arboledas bajan a los claros o recurren a los pastizales en busca de semillas. Cardenal (R), cardenilla (R), gorrión (R), chingolo (R), corbatita común (R), cabecitanegra, misto (VE), verdón, jilguero dorado y varias de las palomas: la picazuró (R), la torcaza (R) y la torcacita (R) buscan las semillas de su preferencia. Acompañan en esta “mesa” comunal otras más omnívoras como el tordo renegrido (R), el estornino pinto (R) y el tordo músico. La paloma doméstica, más habituada a la presencia del hombre, es más proclive a quedarse en los carritos de la calle acostumbrada ya a la comida humana.

Arriba: Torcaza común, estornino pinto. Medio: Cabecitanegra común, corbatita común, jilguero dorado. Abajo: Tordo músico, cardenal común
© Claudia y Tito Di Mauro

Para otros, los árboles parecen ser su espacio natural. Monterita cabeza negra, arañero coronado chico, piojito común, tacuarita azul (R), sietevestidos (R), ratona común (R), todos residentes, forman bandadas mixtas y recorren los árboles picoteando a su paso. Espectáculo solo invernal porque para el verano cada uno estará nidificando por su lado. A la partida se le pueden agregar los invernales como el pitiayumí (VI) o el cachudito pico amarillo (VI). En el verano pueblan las arboledas el fiofío pico corto (R)(VE), la mosqueta estriada (VE), el chiví común (VE) y el arañero cara negra (R)(VE).

De arriba hacia abajo y de izquierda a derecha: Arañero cara negra (macho), tacuarita azul (macho), monterita cabeza negra, piojito común, pitiayumí, chiví común, cachudito pico amarillo, fiofío pico corto, arañero coronado chico y sietevestidos
© J. Simón Tagtachian

Las bandadas monoespecíficas de cotorras y ñandayes no temen anunciarse en pleno vuelo. Es típico que el grupo cope un árbol para saciar el hambre.
El pirincho, amigo también de andar con sus compinches, reparte su tiempo entre los árboles y el suelo, pero buscando ranas, artrópodos, etc.

Un golpeteo en un tronco es indicador de carpintero. Los más comunes y vastamente documentados: carpintero bataraz chico (R) y carpintero real (R). Muy parecido al carpintero en su andar, el amarronado chinchero chico solo escarba en las cortezas con su pico. Y en la misma tonalidad marrón el pijuí frente gris (R) y el espinero pecho manchado (R) son localizados más que nada por sus cantos muy sencillos de aprender. Al celestino y al naranjero les es imposible camuflarse. Sus colores los delatan.

Tres negros, el boyero negro (R), el acrobático boyerito y el frutero negro son fáciles de encontrar. Con colores más llamativos el pepitero de collar (R), la reinamora grande (R) y el zorzal colorado, pájaro infaltable en las plazas y los jardines de Buenos Aires.
La calandria real (VI) y el cortarramas (VI) comparten este espacio en invierno, que quedará libre para la llegada del benteveo rayado (R)(VE), del anambé común (VE), del suirirí amarillo (VE) y de los cuclillos canela (VE) y chico (VE).

Arriba: Cuclillo canela, cuclillo chico, suirirí amarillo,;en el medio: anambé común macho; abajo: calandria real, benteveo rayado y cortarramas hembra
© Pablo Serur

Los más extrovertidos prefieren las puntas de las ramas, bien expuestos. La manera de alimentación del pico de plata, del suirirí real (VE), del churrinche (VE) y de la tijereta (VE) requiere de un espacio abierto para el vuelo elástico. Las puntas de las ramas son buenas plataformas de lanzamiento para realizar la vueltita aérea.
El picaflor común y el bronceado, en cambio, sostienen el vuelo frente a las flores para alcanzar el néctar.

Fuera de su rango de distribución dos aves se aquerenciaron en Costanera: el matico y la urraca. De anaranjado el primero y de azul y amarillo el segundo llenan de color los árboles por donde pasan.

Y a la noche los dueños del espacio son las lechuzas y los atajacaminos. Por suerte, algunas lechuzas se han dejado fotografiar durante el día: el caburé chico (R) y el lechuzón orejudo. Y el atajacaminos tijera (VE) también nos dio esa oportunidad.

Dos nocturnos, el caburé con presa a la izquierda y el atajacaminos macho con su espectacular cola a la derecha
© Claudia Furman Bastías

El aire: paneos de reconocimiento

En este grupo caen mayoritariamente las rapaces, que rastrillan desde el aire la ubicación de la presa. Su vuelo en altura exige aprender a identificarlas desde abajo. A veces el comportamiento también ayuda. Halconeando como el halconcito colorado o sobrevolando como el gavilán mixto, el taguató y el chimango. Pero sin ninguna duda el archienemigo de las aves es el carancho (R), que tiene la particularidad de ser también muy terrestre y se lo encuentra en todas partes: la playa, los caminos, las arboledas.

Localizada la presa en pleno vuelo, pone las patas en posición para hacerse con este pichón de cisne que ya estaba muerto
Fotos © Roberto Ares

El otro gran grupo áereo son las golondrinas, voladoras incansables. Nos acompaña en invierno la golondrina patagónica y en verano, la golondrina parda (R), la golondrina ceja blanca (R) y la golondrina doméstica. Su punto de encuentro para llegar o partir es la antena. Son un espectáculo verlas entrecruzarse y maniobrar con tanta agilidad para comer insectos en el aire.

Golondrinas pardas a la izquierda y golondrinas domésticas a la derecha
© Carlos Gonzalez Ledo
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