Centro de Rehabilitación de rapaces

Al lado del vivero por la entrada de Viamonte funciona el Centro de Rehabilitación de rapaces. Esta área no es de libre acceso al público por lo tanto su tarea pasa inadvertida a los visitantes. Vale la pena entonces contar y mostrar la función que cumple.
Este centro trabaja en forma mancomunada con el Zoo porteño y Andrés Capdevielle, director del Proyecto de Conservación de Aves Rapaces del Zoo de Buenos Aires, está a cargo del mismo.
“Desde 2008 se estuvo trabajando acá en la reserva cuando este espacio era un terreno limpio. Se traían a las águilas en invierno y se las hacía volar. Recién el año pasado se firmó un convenio entre el Zoo y la Ciudad de Buenos Aires para reciclar este lugar con una inversión del Zoo para crear un centro de rescates. Las instalaciones se inauguraron el 27 de abril de este año y se comenzó con rapaces porque era el proyecto que ya venía funcionando. Pero el objetivo es que sea de fauna en general. En estos momentos se está construyendo el consultorio de atención veterinaria que brindará atención primaria a los animales. Las cirugías seguirán realizándose en el Zoo.”

Sobre una pared un cartel resume el funcionamiento de este programa. Se refiere específicamente al águila coronada, pero muestra el aspecto macro del programa: dos instituciones trabajando en forma coordinada recibiendo, atendiendo y rehabilitando aves rapaces.

Centro rehabilitación/Rehab Center

“Lo que venimos haciendo es el rescate de donde fuese y de lo que sea: un chimango de acá de Buenos Aires o un águila de San Luis. Este es un programa de alcance nacional. En el zoo se le hace el tratamiento según lo que tenga. Una vez que ya está clínicamente apto pasa a la reserva. Acá se hace la rehabilitación con trabajos de musculación. Cada especie difiere en sus necesidades para rehabilitarse.
En el caso del águila coronada hay un alambre a todo lo largo con una argollita. Se la ata con una soga y se la va llamando para que vaya y venga. Para los halconcitos colorado, en cambio, basta armar una jaula alargada con solo dos perchas. Una en cada punta. Es el único lugar que tienen para posarse. Salir de una percha implica volar mucho para llegar a la otra. No es esencial la participación de entrenadores en el proceso de recuperación”

La forma de alimentación es crucial para determinar el entrenamiento. “Tomemos por ejemplo un halcón, un águila y un cóndor, que aquí no hemos tenido pero que sí hemos manejado. Cuando estos halcones (peregrino) cazan, lo hacen en picada y a vuelo batido. Para liberar un halcón por más que esté sano, tiene que estar súper entrenado. Si no, no agarra nada y a los tres días muere de hambre. El águila caza más al acecho. Van, vuelan, van, vuelan, ven algo por allá, se posan en un árbol, se van acercando hasta que cuando están cerca, atacan. El cóndor es carroñero y lo único que hace es desplegar las alas y vuela cientos de kilómetros. Cuando un cóndor es traído para rehabilitación porque le pegaron un tiro o por envenenamiento no necesita un estado de atleta como un peregrino. Se le da la atención sanitaria y se lo regresa. Permanece en unas jaulas grandes un tiempo para que reconozca el ambiente. Después se lo suelta y ya está. En sí por sus hábitos es más sencillo a pesar de su gran tamaño.”

Debemos recordar que este es un centro de paso. Los pacientes de hoy dejarán el espacio a otros.
“Lo que más llega son halconcitos colorado, chimangos, muchas rapaces nocturnas, por ejemplo, caburés que abundan en la plazas. Las rapaces nocturnas abandonan el nido temprano. Antes de que estén emplumados ya andan caminando fuera del nido y la gente cree que se está muriendo y en verdad lo único que hay que esperar es a que emplume. Siguen en la lista el carancho, la lechuza de campanario, el gavilán mixto y el taguató.”

Hoy (octubre 2012) se encuentran en el centro un águila coronada Harpyhaliaetus coronatus, dos halcones peregrino Falco peregrinus, dos halconcitos colorado Falco sparverius, dos caranchos Caracara plancus y tres clanes de lechucitas vizcachera Athene cunicularia.

Águila coronada/Crowned Eagle© Cora Rimoldi
Águila coronada/Crowned Eagle© Carlos Gonzalez Ledo
Esta hembra de águila coronada Harpyhaliaetus coronatus pesa 3 kg 600. Fue traída de San Luis con un impacto de bala en un ala, fue operada en el zoo y ahora está en rehabilitación. Cuando esté en óptimas condiciones se la devolverá a su lugar de origen.

Los dos halcones peregrinos son de la subespecie cassini de la Argentina. Chocaron contra vidrios espejados de edificios en Palermo. Uno tuvo un estallido de pico y el otro se aplastó toda la mejilla cuando dio contra el vidrio. Estos animales son usados para cetrería y se escaparon. En este caso vemos dos acciones negativas que se suman. Los elementos que representan un peligro para las aves como ser cables, antenas, vidrios espejados, etc. y el desplazamiento artificial que realiza el hombre por razones diversas al mudarlas de su zona de distribución. De reproducirse estos halcones, se está alterando el ecosistema.

Halcón peregrino/Peregrine Falcon© Cora Rimoldi
Halcón peregrino/Peregrine Falcon© Carlos Gonzalez Ledo
El manejo de estas rapaces debe realizarse con mucho cuidado y tomando las precauciones del caso. Se utilizan guantes de seguridad como en el caso del halcón, pero el equipo es mucho más completo cuando se manipula el águila coronada. No es un ave agresiva, pero las garras de esta rapaz son muy afiladas. Una ráfaga de viento la hace cambiar de posición y sin querer puede producir mucho daño.

Otra actividad que realizan es la implantación de un microchip y el anillado.
“El anillado es para una fácil identificación cuando se lo avista una vez que se lo reinsertó en su ambiente. Es importante avisar a la reserva porque nos permite ver cómo andan y por dónde. Además del taguató también vieron un chimango por el Puente de la Mujer y otro por acá.

Taguató común anillado/Ringed Roadside Hawk© Jesús Fernandez
Taguató reinsertado en su ambiente después de ser rehabilitado en el centro.

El ejemplo de las lechucitas vizcacheras muestran otra faceta de este centro.
“Parte del convenio entre el zoo y la reserva tiene que ver también con recrear el ambiente faunístico original de esta zona. Introducir al carpincho u otras poblaciones que sean manejadas. En este caso son las lechucitas vizcachera.
Acá tenemos 15 lechucitas divididas en tres familias. Estos animales viven en grupos. Cuando llegan ellos mismos formaron estos grupos. Nosotros armamos esas símil cuevas y ya están poniendo huevos. El clan de aquella esquina tiene 13 huevos. Varias hembras ponen en el mismo nido.
La idea es soltarlas en la reserva. Planeamos distribuirlas en distintos lados, armar jaulas, hacer las cuevas a prueba de perros por lo menos varios metros. Darles un refugio seguro y alimentarlas. Después de un tiempo desarmar las jaulas para que establezcan su territorio y atender sus necesidades alimenticias si es que hay que suplementar la comida. Será una población en libertad que se manejará y se monitoreará para ver cómo se desarrolla. Uno de los tres grupos estará ubicada en algún lugar donde el visitante pueda verla.”

Lechucita vizcachera/Burrowing Owl© Cora Rimoldi
Este es también un buen momento para estudiar su comportamiento.
“Estos cuevas improvisadas que armamos dan la posibilidad de ver sus movimientos. Una vez que se instalen en las cuevas hacer un seguimiento será mucho más difícil”

Todo este trabajo se inscribe dentro de un plan mayor que pretende afianzar la función educativa, recreativa y social de la reserva a través del manejo. Además de recuperar el agua de las lagunas y proveer instalaciones adecuadas entre otras un vivero nuevo, que ya está en construcción y la ampliación de este centro. Hoy día, contamos con un espacio reducido para desarrollar esta tarea, pero queremos ir trabajando con lo que disponemos.

Agradezco a Andrés Capdevielle por toda su explicación y por el tiempo que me dispensó.

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